Entre ríos y fronteras

Despues de un invierno tan largo y duro, parece que el sol ha venido para quedarse y sacarnos de casa. Es el momento de ponerse el traje de dominguero, coger el bocadillo y salir a pasear por el campo.

Cerca de Mérida está el siempre recomentable parque de Cornalvo, con unos itinerarios cortos y facilitos incluso para los urbanitas de pro. Y la estrella extremeña por antonomasia es el parque de Monfragüe, pero hoy quiero detenerme en el Parque Natural del Tajo Internacional, que este año cumple su quinto aniversario.

El Tajo es un río singular. Frente al papel en el desarrollo de civilizaciones y culturas urbanas de ríos como el Nilo, el Danubio los bíblicos Tigris y Eufrates o, más cerca de casa, el Guadiana y el Guadalquivir, el Tajo ha sido siempre, y en especial en sus aguas españolas, un río esquivo, como si hubiera sido diseñado para la defensa y no para el transporte. Eso ha permitido que se desarrolle y conserve una gran biodiversidad.

En las aguas compartidas entre España y Portugal no es difícil encontrar flora y fauna de interés para su conservación, en especial grandes aves como la cigüeña negra, el buitre leonado, el alimoche, el buitre negro o el águila imperial ibérica. Con un poco de paciencia, se pueden observar incluso en una excursión de fin de semana. Un buen sitio para hacerlo es en la ruta de la Carrasquera, que parte de la localidad de Cedillo, el más occidental de los municipios cacereños. Es un camino corto, de unos 2,5 kilómetros, y bastante llano que lleva a un mirador con merendero desde el que podemos observar como el Tajo hace honor a su nombre y se abre paso entre montañas y terrenos aún más escarpados desde la creación de la presa, que se puede visitar muy cerca. Muy cerca está además la desembocadora de uno de sus afluentes, el Sever.

La mayor pega del parque del Tajo es su poca transitabilidad. Hay pocos caminos (descárgate el mapa aquí) y ninguno recorre la ribera del río, básicamente porque esta es casi inexistente. En primavera y verano la cantidad de aves anidadas es tal que se prohiben las rutas en barca, una buena opción para el invierno.

Por eso, una vez cumplida nuestra visita a la naturaleza, podemos terminar el día con un poco de turismo cultural a una zona interesantísima de la provincia de Cáceres, con una parada casi imprescindible: la del impresionante puente romano de Alcántara y la enorme presa tras él.

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